Las invitaciones de boda son la primera pista del evento para los invitados, no se sabe que boda han preparado los novios hasta que un día, al abril tu buzón, recibes las invitaciones. La personalidad de los novios será determinante para el tipo de invitación y por extensión del resto del enlace. La época sobria de un tarjetón con letra inglesa ha pasado a la historia. Hace un tiempo no muy lejano hablar de ‘branding’ o de diseño gráfico para referirnos a unas invitaciones de boda hubiese sido algo extraño, hoy en día las invitaciones de boda suponen parte de la comunicación total de la celebración.

Hay que tener claro que las invitaciones de boda deben de formar parte de un todo; es decir por un lado deben transmitir la esencia de la boda pero además forman parte de la papelería; no hay que olvidar que además de las invitaciones están los meseros, la organización de las mesas, el plano para llegar al juzgado, a la iglesia, al restaurante o a la finca donde se celebrará la unión.

Hoy en día las bodas se entienden como un evento, para la familia y los amigos, pero un evento al fin y al cabo. Habitualmente la pareja se plantea una línea argumental y sobre esa idea pivota toda la celebración. En el caso de las invitaciones se utilizan pliegos especiales, se pone en valor el trabajo de caligrafistas y la pareja contrayente muestra todo el detalle y el cariño del que son capaces. Por supuesto que hay parejas que obvian este paso de las invitaciones y optan por enviar un correo electrónico ¡es el signo de los tiempos! Pero todavía muchas parejas optan por esta forma tradicional de comunicar su enlace en la que los cinco sentidos tienen su función con un papel especial con un alto gramaje o una caligrafía y dibujos creados para la ocasión. Vía SModa.  Fotografía: Joanna Kosinska