Torre de Murga

HISTORIA DE LA TORRE

La Torre Medieval de Murga, declarada Bien de Interes Cultural en 1984, es un edificio emblemático en el corazón del Valle de Ayala, a 20 minutos de Vitoria y Bilbao.

Perteneciente a la misma familia desde su fundación en 1272, este singular edificio evoca una parte importante de la historia medieval del País Vasco.

La torre del siglo XIII abrazada por los palacios de los siglos XV y XVI configuran un conjunto espectacular, digno de acoger los eventos más exclusivos. Estos nobles edificios se enmarcan en un entorno natural excepcional; amplias praderas y bosques de robles autóctonos que han sido testigos del paso del tiempo manteniendo intacta la autenticidad de este bello Valle de Ayala. 

A principios del siglo XIV la tierra de Ayala se la disputaban dos importantes linajes: los Salcedo (Ayalas) y los Murga. Doscientos años más tarde, con la derrota de los Comuneros y del señor de Ayala, mas conocido como Conde de Salvatierra, los Murga consolidan su estirpe.

Es en este momento cuando deciden hacer su palacio en torno a la antigua torre banderiza y mejorar su patrimonio. La fundación del vínculo (que implicaba el mayorazgo) persigue el engrandecimiento de la familia. Los documentos de la época ponen de manifiesto la existencia de viñas, que se incluyen entre los bienes vinculados.

Además, durante la reciente restauración de la Torre de Murga, se fueron poniendo de manifiesto los secretos que las viejas paredes habían guardado celosamente durante siglos. Entre ellos, la existencia de un lagar donde se transformaba en vino el fruto de las viñas que rodeaban el edificio. Al ser un vino hecho en casa, puede recibir sin duda el nombre de chacolí o txakolin.

Estos hechos, apoyados por la circunstancia de ubicarse en una denominación de origen recién creada (Arabako Txakolina/Chacolí de Alava) fueron el detonante para el inicio de una aventura singular: recuperar el antiguo cultivo de las viñas para intentar recuperar el antiguo esplendor de una torre y su palacio que, desde su fundación en el siglo XIII por Juan Sanchez de Murga (alias Txikubín o Chiquilín) se mantiene en manos de la misma familia.

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